Lo mejor de estar contigo es que cuando te miro a los ojos siento que mi alma está completa, que la vida ha tomado el camino correcto. Cuando te miro a los ojos siento que todo lo puedo, que los miedos se pierden, que el mundo es pequeño. Cuando te miro a los ojos siento que vivo en un sueño, que nuestro futuro comenzó con el primer beso. Lo mejor de estar contigo es que cuando nos miramos a los ojos el amor se hace presente
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Tengo una pijama que te espera, una almohada que aún guarda tu aroma, mil recetas para prepararte y una botella del vino tinto que trajiste la última vez. Tengo recuerdos rotos y un mar de historias para navegar a tu lado, Tengo en mis manos las caricias que te hacen falta y en mi boca esos besos que te gustan. Tengo un borrador de pasados y un futuro que quiero enseñarte, Tengo tu nombre en mi cabeza y en mi voz un te amo atado a él. Tengo la certeza de mi amor por ti y la esperanza del tuyo
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Sentí sus pasos resonar por el corredor que llevaba a mi oficina e imaginé una mujer grande, sin embargo, cuando sus pasos se detuvieron enfrente mío encontré una mujer de ciento sesenta centímetros de estatura, con una belleza imponente a pesar de su mirada triste. Vestía una blusa blanca con delgadas líneas de un color azul pálido, que delineaba perfectamente sus curvas y en su cintura dejaba entrever la piel bronceada de un abdomen apenas marcado por el ejercicio. Su apariencia distaba mucho de su personalidad tímida, apenas pronuncio palabra solicitándome un papeleo que urgía ser enviado a Bogotá y yo se lo entregué sin dejar de mirarla. Días después tuvimos la oportunidad de hablar, conversamos primero cosas del trabajo y luego la conversación fluyo hacia asuntos personales, igual que yo, ella acababa de escapar de un matrimonio que solo daba dolores de cabeza. Quince días atrás había firmado mi divorcio en una mañana que me pareció por demás fría a pesar de la época del año ...
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Abrí los ojos, seguías dormida y tus labios dibujaban una sonrisa. En el ambiente aún se sentía el aroma de la noche, de tu sudor, de mí sudor, de nuestro sexo que estremeció los cuatro puntos cardinales de nuestra cama. Aún escuchaba tu respirar agitado y sediento, mi piel ardía suplicante por la tuya, mis labios seguían sintiendo la humedad de tus besos, nuestros cuerpos temblaban, eléctricos al menor roce. Al abrir los ojos comprendí la eternidad que me había robado tu ausencia por tantos años, y al abrazarte reclamé el derecho de amarte que me negó el destino al esconderme tus pasos.
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Quisiera que en tu equipaje llevaras mis besos, que empacaras un par de abrazos para que te den calor en el camino. Quisiera que mís manos sostengan las tuyas mientras emprendes tu viaje. Quisiera que mi voz te acompañe y cante a tu oído esa canción que tanto te gusta. Quisiera que mi respiración sea tu aire, que mi alma acompañe a la tuya. Quisiera no tener que ver como te alejas, ni llegar a probar el sabor de tus lágrimas mezcladas en un beso de tus labios. Quisiera no decir adiós, no abrir esa puerta que te lleva lejos y menos quedarme en medio de un desierto, sin tú risa, sin tu voz, sin tu sexo... sin ti.
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Edgar se levantó temprano como todas las mañanas, se bañó, afeitó su rostro y vistió aquel jersey rojo que tanto le gustaba, bajó los cuatro pisos de su edificio hasta el parqueadero. Salió en su auto. Sin apartarla de su mente condujo por las estrechas calles de su barrio hasta llegar a la avenida principal, pasó enfrente de su oficina y siguió de largo. Al llegar a la troncal departamental aceleró aún más. Tuvieron un día y una noche esplendidos, celebraron cuatro años desde que se conocieron y empezaron a jugar a mirarse hasta por fin fundirse en un solo ser, tenían poco en común y sin embargo lograron construir un amor bonito, como los que todo el mundo piensa que serán eternos. Edgar era un joven apuesto, seguro de sí mismo y de porte sobriamente elegante, Dani era una mujer blanca, con el pelo y los ojos de un negro profundo, sus mejillas dibujaban unos hoyuelos tan perfectos, que cuando sonreía, bien pudiesen ser la tumba de cualquier hombre capaz de enam...