Y el frío llegó nuevamente, se instaló entre mis ojos, dominó mi respiración y me quitó el aliento.
El frío llegó montado en tu mirada distante, aferrado al silencio súbito y paralítico de tus labios.
Tus manos, ahora frías, siguieron aferradas a las mías como témpanos, quemando lo que quedaba de tu tacto.
Y en medio del frío tu esencia me dijo adiós, se despidió sin un beso, llevándose tu aroma y dejándome un peso que oprime mi alma.

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