Abrí los ojos,
seguías dormida y tus labios dibujaban una sonrisa.
En el ambiente aún se sentía el aroma de la noche, de tu sudor, de mí sudor,
de nuestro sexo que estremeció los cuatro puntos cardinales de nuestra cama.
Aún escuchaba tu respirar agitado y sediento,
mi piel ardía suplicante por la tuya,
mis labios seguían sintiendo la humedad de tus besos,
nuestros cuerpos temblaban, eléctricos al menor roce.
Al abrir los ojos comprendí la eternidad que me había robado tu ausencia por tantos años,
y al abrazarte reclamé el derecho de amarte que me negó el destino al esconderme tus pasos.
Excelente sobrino👍👏
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