Somos más fuertes que la distancia,
nos sobreponemos al frío y a la ausencia,
dedicamos cada anhelo, cada segundo
a recordar los besos y las caricias,
a reconocer en nuestra voz las razones que unen nuestros corazones.
Alimentamos el deseo de reencontrarnos,
de amarnos, de tocar nuestras fibras,
de rozar nuestros mundos,
de no volver a separarnos,
de seguir siendo uno,
como debió ser desde el principio.
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