Hay cosas que tal vez no se deban decir aún cuando salgan del corazón, aunque callarlas asfixien el alma... Tanto tiempo rondaron (esas palabras) mis labios que el agua se impregnó con su sabor, mi lengua luchó contra su peso muchas veces para no lanzarlas fuera de mí, pero ahora que esas palabras fluyeron, parece que debí pedir permiso al tiempo para sentir, como si el corazon y el alma tuviesen un cronómetro. Puede ser que no merezca amarte, pero mi ser no podía ser más una prisión, una guillotina de sentimientos y ése, que se convirtió en el último "te amo", un condenado al olvido.

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