PLUTO




Después de muchos años, después de soñar muchas veces con ese momento, el recuerdo se fue deformando y ésta es simplemente la forma en que el caos de esos días permite que venga a mí memoria, sin embargo, sé que cuando leas estas lineas sabrás que estoy hablando de ti.

La noche era tan fría como las típicas noches de nuestra ciudad, fumé rápidamente mi cigarro y salí a tú encuentro, en tus manos una botellita de Bacardy y un pequeño perro amarillo de peluche, que dicho sea de paso me acompaño por muchos años hasta que se refundió en la necesidad de olvidar lo que en mi corazón sentía.

Regresabas de un viaje de pocas semanas que para mí fue interminable, tuvimos como siempre una larguísima y agradable conversación, recuerdo tu forma de hablarme y de mirarme, esa ternura en tus ojos, finalmente sabias lo que pasaba por mi corazón y mi cabeza, pero no podías sentir lo mismo. Torpemente seguí creyendo por mucho tiempo que también te enamoraste de mí, que no era el hombre que necesitas en tu vida, tal vez ello me mantuvo en un ciclo interminable de errores que acabaron por alejarme del todo, pensé en ello cada día, pensé en lo que había pasado y de vez en cuando se repiten en mi cabeza las notas del saxofón de una canción dolorosamente cierta.

De repente se esfumaron tantas tardes compartidas al calor de un chocolate suizo, sentados a la mesa de un café que nos acogía en las horas cuando solo existíamos los dos, donde todos podían vernos sin saber el silencio obligado de mi amor por ti, esos momentos interminables en los que miraba tus ojos y tus labios con el anhelo de besarlos, cuantas veces tan cerca como para sentirlos y simplemente dar el paso al costado como el buen perdedor, quedándome con esos abrazos que quemaban el alma y la obligación de inventarme una vida lejos de ti para después buscarte en tantos otros abrazos.

Cuando ya me había hartado de buscar, cuando me había hartado de equivocarme estrepitosamente y decidí simplemente esperar, llegaron unos ojos y unos labios que pude amar desde el primer día pero que finalmente me dijeron adiós dejándome la certeza de no ser aquél.

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