Hoy recordé esa tarde del primer beso, tan suave, tan tibio, producto de una casualidad, cierro los ojos y nuevamente estremece mi alma, hasta la última fibra, hasta el poro más pequeño de mi piel; convierte en electricidad, en un rayo azul cada suspiro, cada centímetro del aire que respiro. 

Y ahora, al abrir los ojos descubro la realidad que me destruye a dentelladas, que devora mi cuerpo y congela mi alma.  

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