No quiero tus abrazos sin tus besos, sin la posiblidad de mirarte luego a los ojos y perderme en su indescriptible brillo de marrón. 
No quiero escuchar tu voz sí no es esa caricia que hace brillar más aún el sol.
Y ni pensar en ver tu silueta acercarse, porque no quiero una presencia ausente, no quiero la cotidianidad que eclipse lo que algún día nos unió.

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